EL BAILE DE LOS QUE SOBRAN
EL BAILE DE LOS QUE SOBRAN
Resulta curioso, por decirlo de alguna manera,
que, pasados ya 3 meses desde el inicio de la pandemia, recién ahora exista
algún tipo de “beneficio” para los independientes. Éstos, están sujetos a haber
emitido boletas durante un periodo determinado y dar cuenta de una caída en los
montos de éstas, pero nada dice respecto de los ingresos. Esto último es clave.
Habemos muchos independientes que, durante el
desarrollo de la pandemia, hemos seguido emitiendo boletas y, sin embargo,
éstas no han sido pagadas por las empresas que solicitaron o procuraron
nuestros servicios, por lo que los ingresos presuntos no han llegado a sus
acreedores. En la práctica, esto se traduce en que, de una parte, las empresas
se financian con el esfuerzo ajeno, sin tener costo alguno asociado a su falta
de sensibilidad y, principalmente, falta de respeto y de honorabilidad, al
deshonrar una deuda contraída. De otra parte, los que trabajaron y prestaron
servicios, se ven obligados a recurrir a líneas de crédito, tarjeta de crédito
o créditos de consumo para poder subsistir y “aguantar el chaparrón”, viendo
mermados sus ingresos futuros (si es que en algún momento se los pagarán), por
tener que hacerse cargo del pago de intereses que no deberían ocurrir si las empresas
honraran y respetaran sus compromisos.
Algo similar ocurre con las grandes empresas y
el no pago de facturas a pequeñas empresas en los plazos comprometidos,
teniendo que, al igual que los independientes, recurrir a algún tipo de
financiamiento, que se traducirá en pago de intereses futuros. Asimismo,
existen muchos casos de trabajadores dependientes que no reciben sus pagos oportunamente,
por lo que no les queda otra alternativa que recurrir a endeudamiento.
Ante ello, es clave que se intervengan las
reglas del juego, transfiriendo los costos de no cumplimiento a sus verdaderos
responsables. Así, cuando una empresa no paga en un plazo prudente (30 días) o
los plazos comprometidos, quien se debe hacer responsable de los intereses es
el deudor original; esto es, el que incumplió y originó la deuda de quien debía
recibir los ingresos.
Así, surge como una necesidad el que se obligue
a las empresas deudoras, por cada día de atraso, a adicionar al pago el interés máximo
convencional, con lo que el acreedor queda en condición de recibir su ingreso
prometido de forma íntegra y responder ante las instituciones financieras por
esos intereses que hoy merman sus ingresos.
Creo que, en la práctica, ya han sido demasiadas las ventajas con que hoy cuentan muchas empresas, como para seguir abusando de los otros, transfiriéndoles costos que no tendrían por qué asumir. Lamentablemente, pareciera ser que sólo a punta de exponer a mayores costos a las organizaciones, éstas responderán y se harán cargo, no veo otra solución plausible.

Comentarios
Publicar un comentario